Seguro de
hogar

Llevas unos días en que todo te sale mal.

De acá para allá a toda velocidad, con la cabeza en otro sitio, en piloto automático.

Unos días se parecen a otros hasta tal punto que, si no fuera por el tiempo, todo sería igual.

Te levantas una mañana de lunes.

El día anterior te acostaste un poco tarde viendo un capítulo más, y tienes la sensación de que en el trabajo te espera un quebradero de cabeza.

Miras la hora. Bueno, vas con algo de tiempo de ventaja.

A ver si llegas pronto y lo pones todo en orden.

Te vistes.

Desayunas a toda velocidad.

Te miras en el espejo antes de salir y coges el móvil y las llaves del coche.

Abres la puerta, arrancas el motor y de repente una frase surge en tu cabeza:

Oye, recuerda que el lunes te toca pagar el café, ¿eh?

Cierto, y además tienes que escaparte un rato para hacer unas cosas del banco.

Echas mano al bolsillo de la cartera, donde siempre la guardas… y no está.

Uffff no puede ser. Me la he dejado en casa.

Te planteas ir sin cartera, pero claro, tendrás que escaquearte del café.

¿Y si me paran de camino al trabajo? Y tengo que hacer lo del banco…

Menos mal que llevabas unos minutos de ventaja.

En menos de tres segundos decides volver a por ella, a saber dónde estará, a toda prisa.

Te bajas del coche, vuelves a casa y te paras en la puerta.

Vas con la mano al bolsillo y, de repente, te acuerdas.

¿Dónde está la cartera?

Con las llaves.

Las llaves de casa.

Dentro.

DENTRO de casa.

¿Necesitas que te abran?

Pues tan sencillo como una llamada al seguro para que un cerrajero corra a rescatarte.

Pero claro, no tienes el número del seguro. Está también DENTRO de casa, con todos los demás papeles.

Lo que sí tienes es nuestro número.

Y entonces lo ves claro.

¿Quieres pagar el café cuando te toca y no llegar tarde a ningún sitio?

Pues déjanos tu teléfono y hablamos de tu seguro de hogar.

¿Te llamamos?

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